lunes, 5 de septiembre de 2011

¿Los más elegantes?

como una aparición
Recientemente la revista Jet Set publicó una lista (sometida a votación) con los hombres más “Elegantes “de Colombia. Antes de seguir sobreestimando y subvalorando el valor de esta palabra, es necesario conocer un poco más sobre su significado.
Elegante significa: “dotado de gracia, nobleza y sencillez”. Procede del latín legere ‘reunir’. Con el prefijo privativo latino ex- más legere, se formó eligere ‘elegir’,‘escoger’, y de éste, elegans, -ntis ‘elegante’, ‘distinguido’, de donde proviene nuestro vocablo elegante.

Este tipo de listas y clasificaciones pretenden dar a conocer un punto de vista editorial en el que la indumentaria alcanza su máximo reconocimiento gracias a la popularidad social de los elegidos. La lista publicada por Jet Set sobrevalora el significado del término. A pesar de las mínimas variaciones en el vestuario masculino se ha llegado a confundir lo clásico con lo aburrido. El concepto de elegancia que nos deja ver esta lista se decanta por lo más predecible. Pareciera que el comité editorial en una decisión tenaz resolvió seguir imponiendo la eterna norma en la que el traje de saco y corbata automáticamente convierte al individuo en un hombre elegante.
Ante esta situación en la que los personajes convocados se convierten inmediatamente -gracias a la dignidad del término- en árbitros del buen gusto, vemos con preocupación como se nos insinúa sutilmente cierta admiración hacia modelos de conducta relacionados con la indumentaria, que en este caso son cuestionables. Vestirse de traje no debe parecer una tarea aburrida, obligada y pretenciosa. Estamos muy equivocados si pensamos que al llevar una prenda de marca amortajando nuestro cuerpo automáticamente seremos bendecidos con el don de la elegancia, nada más alejado de la realidad. 

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